Nace de la incomprensión de unos catorce años y va creciendo en la búsqueda de la significación mental.

martes, 11 de abril de 2017

El bar



Abrí la puerta del pasado llena de indecisión.
Observé a mi alrededor con cierta curiosidad y me acerque a la barra como si de un chaleco salvavidas se tratase.
Tenía que sujetarme a algo, no aguantaba la presión.
Le dije al camarero que una copa de whisky sólo con hielo no sería suficiente, pero si necesario para poder empezar.
Las manos me sudaban por la temperatura del lugar o quizás era yo.
Cada sorbo lento me quemaba la garganta, pero el corazón me seguía pidiendo otro más.

Todo parecía igual.
El tiempo no había pasado, como de costumbre, por aquel lugar.
La gente actuaba con normalidad sin percatarse de la guerra que se estaba librando dentro de mi cuerpo.
Me sentía extraña, a pesar de todo.

Todos nos hundimos en un vaso alguna vez, pero a mí se me estaba haciendo eterno.
Los hielos quedaron intactos así que pedí la botella para ahogarlos en alcohol y poder aguantar entera un rato más.
Esperé, esperé y, esperé de más.

La visión se me nublaba a ratos y no era por la copa.
Me dirigí al servicio rozando las paredes y chocándome contra la multitud.
El whisky empezaba a hacer su efecto y mi cabeza me daba descansos que duraban minutos.
Me acerqué al lavabo para secar las lágrimas que se desvanecían al llegar a la boca.
Ascendí la mirada y observé mi rostro en el espejo como hace 10 años.
Pero esta vez la expresión era distinta.
Me quedé unos minutos por si te veía entrar por la puerta como aquella vez, cuando entraste y me miraste lleno de vergüenza por haberte equivocado de servicio.
Yo me reí y te dije que, quizás habías entrado en el lugar correcto aunque aún lo sabías.
Tú me sonreíste y saliste cerrando la puerta.
No sabía que me ibas a estar esperando con una copa de "Jack" a la salida.

Cerré los ojos intentando apagar los recuerdos que me estaban matando por dentro.
Cogí un poco de papel y me quité, la que sería la última lágrima, que dejaría caer por mi mejilla.
Salí como pude y me lleve la botella de la barra.
No pude mirar atrás porque el miedo me lo impedía.

Ésa noche me perdí entre bastidores mientras tú te acostabas con tu actual pareja.

El bar era el de siempre.
Donde nos conocimos.
Pero la historia era totalmente diferente...

"El tiempo juega en ligas diferentes dependiendo de la fuerza del corazón".- Thisa Á.


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