Nace de la incomprensión de unos catorce años y va creciendo en la búsqueda de la significación mental.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Hoy te escribo





Hoy te escribo desde la infinita noche que asoma por mi consuelo,
de ésos que te abrazan en la oscuridad y te despiertan en un `puedo´.
He visto entre fogones pequeñas láminas de tierra llamarme y muerdo,
que aunque se haga tarde, no cesaré en recordar lo que grité en sueños.

La suave caída de mis párpados ante el peso de las heridas
no cae en vano, mientras sea la letra la que prosiga.
Más tarde o más temprano, se secara la brisa de lunas frías
y bajaremos a recitar como locos a las estrellas, suaves melodías.

Hoy te escribo desde la timidez más ridícula de unos pocos,
cuidando el arte breve que envejece con arrugas en varios tomos.
Tiñendo la hoja de rojo amante que se busca y desea en cada poro,
acariciando el verso nítido bajo el sonido de un saxo solo ¡qué tanto imploro!.

Masticando ozono y respirando gris.
Viviendo lejos y muriendo tarde.

Hoy es hoy, y mañana es trágico al desconocimiento
buscando favores que consigan así, parar el tiempo.
He sentido canciones como si fueran mías al momento
poseyendo cada estrofa como una diosa, como maestro.

Altero el orden de mi vida plasmando versos
el caos no se despega de mi piel cual cemento.
Ya dejé atrás los porqués, los sinsentido y algunos lienzos
tengo la necesidad de crear, de surgir de repente, de lo eterno.

Hoy te muestro lo que es para mi un sentimiento,
lo que es tocar el cielo y rasgar las nubes de terciopelo.
No es sano vivir a escondidas entre tormentos,
hay que ver las llagas y saber curar a corazón abierto.



Hoy te escribo lo que un día quise ver:
"No todos los latidos llevan cadenas, y si me dejas sangrar sola,
veras que cada gota es una promesa a la vida, que tanto me añora."


martes, 20 de septiembre de 2016

Por un beso


Por un único beso.

Lloré.
Lloré al verle marchar con las manos llenas de equipaje. Sería una larga temporada lejos de sus brazos, lejos de su olor y sus manías. No me quedaba fuerza en el aliento de la tristeza que albergaba mi garganta exhausta de quejidos, para poder gritar su nombre una vez más, pero mis labios reclamaban su calor de nuevo. Necesitaba un impulso de fuerza para poder esperar otra temporada más, para poder confiar en que volvería sano y salvo de la guerra. Corrí desesperadamente hacía él y en medio de la multitud, alcancé su brazo con desesperación consiguiendo que la maleta cayera al suelo con violencia. Agarré su chaqueta con gran decisión y me abalancé a esa boca con pasión, con fuerza y a la vez ternura. Como una persona deshidratada que bebe agua y le sabe a gloria bendita. Como los manjares del cielo. Y así, convertidos en dioses por un momento, conseguí que mi alma se llenara de nuevo.

Por un beso en medio de una estación con color a despedida, mi amor luchó por ser el más fuerte.


Por un mágico beso.

Reí.
Reí a carcajadas. Él siempre sabe qué decir en los peores momentos. Mi salvavidas en las tinieblas. El día había sido duro y lo único que me daba un respiro era saber que luego le vería en esa cafetería llena de gatos a los que acariciar mientras saboreábamos un café cremoso lleno de nata. Para mi sorpresa llegué la primera, me senté en nuestra mesa de siempre y pedí lo de siempre. Un domingo otoñal que amenazaba con tormenta. El café llego al final del vaso y mis ganas por verle disminuyeron. Decidí pedir la cuenta y volver a casa. El sonido de las nubes descargando su frustración compartida me convencieron de quedarme un rato más, esperando a que la lluvia cesara.
Un gato blanco como la nieve me ronronea la pierna así que me inclino a acariciarlo. Suena el tintineo de la puerta dando la bienvenida a otro cliente. Después de unas cuantas caricias vuelvo a mi posición inicial. Hay un café de más en mi mesa con un corazón dibujado. Unas flores mojadas al lado y un empapado caballero mirándome con ojos de inquietud. Era él pidiéndome disculpas por su tardanza. Bebe un sorbo del café y se le queda un poco de nata en el bigote. Él con una preocupación rozando la exageración por miedo a mi probable disgusto, no se daba cuenta de lo gracioso que era para mí ese momento. Reí como nunca. Reí y los problemas desvanecieron por completo. Y en medio de las risas y el sonido del agua golpeando los cristales de la cafetería, sentí mis labios humedecidos y una presión enorme en el pecho. Una gota roza mi mejilla y abro los ojos. Su cara frente a la mía, su respiración en mi piel. Creía que el pecho se me saldría y me aparté rápidamente. Él asustado, no podía pronunciar palabras enteras. El corazón no paraba de latir, le miré a los ojos y entonces lo supe. Supe que la nata de sus labios era lo mejor que había probado en esta vida. Sus gotas por mis mejillas, sus labios mojados... Le agarré de la cara y apreciando cada centímetro de su rostro, me lancé a por un beso más. Quería volver a sentirme en una montaña rusa en sus manos.

Por un beso mojado lleno de nata, por un primer beso mágico, mi vida cambió por completo.

Por un fugaz y eterno beso.

Grité.
Grité dejando a mis pulmones sin el oxígeno necesario. No podía dejar pasar otro día más y no decirle lo que realmente llevo guardado dentro durante tantos años. La situación me daba más pánico que la peor historia de terror del mundo. Como unas palabras tan bonitas podrían desencadenar una tragedia si no son compartidas. Enfrente de la puerta de su casa repasando lo que sería mi discurso. Temblando como una colegiala sintiendo que todo se iría a la mierda si él no se acordaba o si no hubiese sido para él lo mismo. Me senté en el porche intentando tranquilizarme un poco y recordando por qué estaba ahí. Cerré los ojos y recordé...
Un 22 de febrero, una noche llena de nieve y esperanzas. Unos quince años llenos de curiosidad. Jugando con mis amigas haciendo muñecos de nieve, buscando objetos con los que abrigar nuestra "obra de arte". Necesitábamos una bufanda para acabar el último muñeco. Un grupo de chicos que jugaba tirándose bolas nos embiste con una enorme. Yo la esquivo con rapidez pero una segunda más grande consigue noquearme por completo y caigo al suelo. Pierdo durante un rato el sentido. Al abrir los ojos uno de ellos con expresión de estar totalemente asustado me toca la cara con suavidad, y me dice cosas que no llego a oir bien por el golpe. Me da su mano y me levanta del suelo despacio, me lleva a un banco para que me siente. Y cuando por fin recupero el oído, me dice que me da su bufanda para nuestro muñeco y que no me enfade que solo estaban jugando. Sonrío y se lo agradezco. Estuvimos jugando con ellos un rato más, pero la noche se vuelve más oscura y el frío intenso. Nuestras miradas cómplices no deseaban despedirse. Mi padre me llama desde el coche. Él para de jugar al ver que me voy y su cara cambia por completo. Mi locura de los quince fue correr hasta ése chico que había conseguido noquearme y propinarle un fugaz y frío beso. No nos volveríamos a ver, hasta este momento.
Yo no le olvidé desde entonces. La historia de cómo acabé aquí es muy larga, pero lo importante es que le encontré. Con valor y la poca seguridad que me quedaba decido llamar. Me abre una chica sonriente, pregunto por él y me dice que está de camino, que no tardará en llegar. Me invita a entrar educadamente, pero al asomarme veo un par de cuadros con fotos juntos y me entra ése miedo y tristeza que inunda el alma. Decido escapar de esa situación y salgo corriendo sin justificarme. Corro lo más que puedo consiguiendo que mis lágrimas se desvanezcan por el camino. De pronto, me golpeó con algo y caigo dándome un fuerte golpe en la cabeza. Abro los ojos y le veo. Como hace quince años. Como un viaje en el tiempo. Ésos ojos negros preocupados de cuando éramos unos críos. Me levanta del suelo y me mira asustado. Me aparta el pelo de la cara y su expresión cambia. Consigo recuperarme del golpe y decirle entre lágrimas:

- Vuelves a noquearme de nuevo, como hace quince años. - Y sonrío.
Sus ojos se agrandan por completo, me agarra fuerte de las manos y asomándose de su boca otra sonrisa cómplice, se acerca y me dice en el oído:
- Pero esta vez el beso no será de despedida, esta vez el beso te lo daré yo.-
                                                   ...
Hoy cumplimos 40 años juntos. Su hermana todavía nos recuerda nuestra historia. Un amor desde el primer día que nos vimos, un amor que luchó contra el tiempo. Él siempre consigue dejarme sin aliento cada vez que me besa y yo sigo buscando sus besos como el primer día.

Por un beso entre caídas, un beso de los que salvan y te hacen quedarte sin aliento, por un beso eterno decidí buscarle.

Por uno y tantos besos;
los colores de la piel, las clases sociales, los rencores, la edad, los miedos, las diferencias, los problemas de la vida... Desaparecen. Por algo tan sencillo y a la vez tan legendario como es un beso. Una muestra de cariño que tras el paso de los años ha conseguido acabar con muchas de las barreras que nos separan.

Por un único beso, de ésos que te cambian la vida.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El Viaje [9]

- Imagina y verás -



Todo lo visto hasta ahora era para prepararme… para poder creer en lo que vendría después…


Un gran sonido azotaba mis sentidos con gran fuerza, consiguiendo derrotar a mis pupilas y haciendo que de ellas brotaran dos lágrimas que rápidamente fueron arrastradas por el aire que escondía aquella escena.
El mar.

Lo eterno. Carácter, belleza, locura, pasión.

Detrás de aquella puerta, de ese edificio negro se hallaba algo tan vivo como es el mar. Una playa de arena suave y agua transparente en un pleno y tan deseado atardecer. Mis ojos tan pobres y oscurecidos con ojeras marcadas por el peso de las penas durante tanto tiempo, no daban crédito a tal descubrimiento.
No quise preguntarme sobre lo extraordinario e inexplicable de este hecho. Encontrarte una playa dentro de un edificio es algo totalmente impredecible. Pero hay veces que es mejor no cuestionar y simplemente disfrutar si la ocasión es buena.

Me senté sobre esa arena y perpleja a la inmensidad de las aguas, me hice una gran promesa a mí misma. “No preguntar por la felicidad y disfrutar, disfrutar aunque el tiempo se cierre en un suspiro”.
Volví a abrir ese libro cuyas páginas estaban en blanco. Y en la primera página, debajo de mi nombre, anoté dos palabras que lo desencadenarían todo: EL VIAJE.

Bienvenido a mi historia, bienvenido al inicio de un sueño.

Velia.


 FIN 1ª PARTE


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