Nace de la incomprensión de unos catorce años y va creciendo en la búsqueda de la significación mental.

miércoles, 27 de julio de 2016

El viaje [5]

- Desde cero -

Tantos impulsos nerviosos que tiene el cuerpo y tan pocos que la mente realiza.



Llené mi mochila con todo lo necesario y me la cargué al hombro expectante a que las puertas se abrieran de nuevo. En el otro hombro la guitarra y, para tener un medio de transporte, me adueñé de la bicicleta.

Una luz magistral nubló mis ojos hasta cegarme por completo. Las puertas se abrieron dejando pasar un brillo celestial. Pasados unos minutos, recobré la visión. Me incorporé e inhalé bastante aire a modo de valentía suprema. Salí con todo lo dispuesto y bajé del tren. Una vez los pies en el suelo, un ruido me percató del cierre de las puertas y al girarme, ya no estaba.
El tren había desaparecido.

Al volver la mirada, observé que las vías seguían como si de un camino se tratase. A ambos lados, solo hallaba hierba recién cortada. Y el resto, nada. No veía casas, ni coches, ni árboles si quiera. No había ruido, no había nada. Solo ese extraño camino que parecía no tener fin y más hierba.

La temperatura era la justa y necesaria, como si el tiempo jugará a mi favor. Lo único raro fue, que las dos primeras horas me costaba respirar un poco. Supongo que al haber estado en un almacén con algo de polvo justificaría este hecho.

La verdad es que resultaba muy inquietante todo aquello...

Continuará...

Raro, adjetivo no determinado por personas desconocidas a tal especialidad.

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