Nace de la incomprensión de unos catorce años y va creciendo en la búsqueda de la significación mental.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Vuelve a mí





Debí dejar una nota.
Haberte dicho tantas cosas.
Tenía que explicarte, pero no encontré las palabras adecuadas.

Pensé en hacer un viaje sin acompañantes. Sin tus besos de madrugada, sin tus caricias de terciopelo, sin tus miradas, sin ti. Ponerle un candado al corazón, coger las maletas y salir por la puerta de ese lugar al que le solemos llamar, hogar.

Tenías razón cuando me decías que me notabas extraña. Cuando las canciones en la ducha se convirtieron en ruidos que hacía el agua al golpear el cristal. Las risas en el sofá, en silencios apagados. Las largas llamadas pegados al teléfono, en toques de "he llegado" o "me queda poco".
Tus constantes porqués me estaban matando en vida. Tus frustraciones y preocupaciones sobre mi estado, sobre nuestra relación, eran como agujas punzantes taladrándome el cerebro.
Ni siquiera yo sabía qué me estaba ocurriendo. Lo único que tenía claro es que te quería, que te quiero, pero no podía seguir así. Algo tenía que cambiar en mí, en nosotros.

El primer día del mes de Febrero, mi vida cambió por completo.

Fue el día en el que tú decidiste hacer las maletas primero...
Me diste un beso en la frente creyendo que estaba dormida, pero no era así. Cogiste las llaves del coche y decidiste salir, entre lágrimas en los ojos. Lo sé porque te dejaste algunas en la nota que había junto a la cafetera con olor a canela, ese que sabes que tanto me gusta. En esa nota que decía "mi amor llegaré pronto, pd: sólo tu y yo".
Decidiste correr más de lo habitual porque sabías que la floristería cerraba temprano, y tú como siempre, tan detallista.

Hiciste el viaje más largo y aún te sigo esperando junto a la cama del hospital para cuando decidas volver a mí.
El día en el que abras los ojos, te podré leer esa nota que te debí haber dejado primero. Decir las palabras, incluso las más tontas, que te tenía que haber dicho aunque no fueran las adecuadas...
Explicarte hasta porqué la Luna brilla de noche.

El día que me perdones y decidas volver de ese viaje, habremos vuelto a nacer los dos.

Debí dejar una nota.
Haberte dicho tantas cosas...
Pero nunca es tarde para hacer las cosas bien.


domingo, 6 de marzo de 2016

Primera Sinfonía




Rozo las teclas y me dejo llevar por la melodía,
un sorbo de té dulce en compases lentos al mediodía.
Amanecen ideas fugaces, reflexiones en idas y venidas,
frustraciones, pensamientos frágiles y de nuevo, perdida.

Así, me posiciono a la historia de mi vida
donde la escritura, el sueño y la poesía queda inscrita.
A escasos kilómetros de lo que puede llegar a ser mi partida
sólo dejo caer el sombrero si así lo sugiere la rima.

Pues no tengo pudor ni templanza cuando se trata de Fantasía,
de la pasión que se escapa entre acordes de una loca ironía.
Me dicen que me sé perder sola, entre problemas y manías,
que no reclamo a la sociedad el sentirme, a veces, tan vacía.

Algún día encontraré a alguien que me salve de mi agonía
de esta existencia que me ata al arte y a la literatura herida.
De los atardeceres con libros escuchando a Mozart entre vías,
sin mirar las horas, escapando así de confusiones y habladurías.

El pensar que el tiempo juega con mi vida
que los días pasan fugaces con cruel alevosía,
que tengo más ganas de noches y pocas, de despedidas.
Me hace sentirme unas veces rota, otras... incomprendida.


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