Nace de la incomprensión de unos catorce años y va creciendo en la búsqueda de la significación mental.

lunes, 12 de octubre de 2015

El comienzo


Llevaba unos cuantos días con un bloqueo mental que no me dejaba escribir. Estaba algo confundida. Siempre creía que me iba a estallar la cabeza de todas las ideas que me invadían.
Pero de repente, nada.

Los comienzos siempre son difíciles. Todo cuesta a lo primero. La primera palabra, el primer paso, hasta la primera tortilla.  Pero esto era diferente. No era un simple bloqueo de escritor, era algo más.
Tenía que empezar por averiguar qué era lo que me impedía escribir y luego hallar la forma de superarlo.
El hecho de mirar dentro de ti, de observar desde dentro de tu alma para saber, qué parte no es la que late con la misma fuerza que tu corazón, es de las cosas más difíciles que he hecho.
Era como si me faltaran sentimientos.
Escuchaba música como siempre, para que me transmitiera lo que necesitaba expresar. Pero no encontraba la adecuada. Veía fotos antiguas y nada. NADA.
Estaba triste... ¿Y si era verdad? ¿Y si la había perdido?  ¿Y si... ya no valía para esto?
Un día decidí dejar de buscar y ahora sé que es lo mejor que pude hacer.

Hay muchas cuestiones de la vida que para poder resolverlas, a veces, sólo tienes que dejar que las respuestas te encuentren a ti. Muchos sentimientos, emociones, palabras, hechos. Yo observé dentro de mí, pero no hallé la solución porque a lo mejor no era el momento idóneo. Pero todo llega tarde o temprano. A sí que una noche, justo antes de cerrar los ojos, note algo en el pecho, algo que se estremecía. Como cuándo dices "qué recuerdos" con esa sensación de nudo en la garganta por los momentos vividos. Se te agrandan y humedecen los ojos, y media sonrisa asoma dejando paso a unos pequeños surcos que forman esa expresión de intensidad en tu rostro.

Las manos me temblaban. Todo dentro de mí palpitaba.
Cuando creía que lo había perdido, fue cuándo decidió volver con más fuerza.

A veces, pero sólo a veces, es necesario esperar a que el tiempo te ofrezca aquello que ansías con todo tu corazón. La paciencia se creó para soportar cualquier contratiempo que dificulte el camino.
Ten paciencia.



1 comentario:

  1. Escuché hace poco un vídeo sobre una escritora aterrada ante el libro que tendría que escribir tras su best seller mundial. Ese libro que seguramente no alcanzaría tanto éxito como el anterior. La responsabilidad había paralizado su mente, ante el pánico de no saber superarse a sí misma. Y entonces halló la respuesta en las musas: Esas diosas clásicas que habitaban en las paredes de las casas de los grandes creadores, para impulsarles a escribir, a sacar lo mejor de sí mismos. Si la obra entonces no era lo bastante buena, eran las musas quienes no habían hecho bien su trabajo. Investigando sobre el tema, la autora encontró a un escritor que decía sentir la inspiración como un terremoto en el aire: De pronto, agitaba todo su entorno, le perseguía y le alcanzaba de súbito. Él sólo rogaba por que en ese momento estuviera cerca de un papel y un bolígrafo, para verter allí inmediatamente lo que la inspiración le arrojaba de un solo golpe. Algunas veces, la inspiración le alcanzaba antes de llegar al papel, y todo quedaba olvidado; otras acertaba justo en el momento adecuado, y la obra maestra surgía en un instante; otras, sin embargo, la inspiración pasaba de largo y cuando alcanzaba el papel no pasaba nada. Sólo silencio.
    En uno de esos encuentros con su inspiración, coincidió que el escritor estaba conduciendo, atrapado en un atasco. Sintió un agobio atroz al no ser capaz de reproducir en un papel lo que el espíritu caído de los cielos le quería transmitir. Pero de pronto respiró hondo, miró al sol y dijo: "Pero vamos a ver: Si eres un ser celestial, ¿no ves desde ahí arriba que estoy conduciendo y que ahora no es el momento? ¡Vuelve luego!" Y desde entonces, cada impulso de inspiración, cada vacío, dejó de tener importancia. Había compartido su responsabilidad, había comprendido que la creatividad era el trabajo en equipo entre los humanos y los dioses; al no depender sólo de él, simplemente dejó de agobiarse. ¡Sabía que tarde o temprano los cielos regresarían con fuerza!

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